martes, 14 de agosto de 2018

Día uno: de seguridades y otras faltas


Sombra de mi sombra 
Miro por la ventana de mi departamento y me pregunto porqué. Porqué después de casi 70 días sin probar un trago crucé por aquel almacén de un barrio cercano y me compré una petaca de whisky. Tal vez la tentación de auto convencerme de que no estoy enferma. Tal vez la debilidad que no logro sacar de mis venas. Tal vez el miedo al cambio total. Tal vez demasiados tal veces.

Quise disimular en cuanto llegué a casa: barrí el piso, tomé un mate y cociné el almuerzo que Gonzalo me había pedido que preparase. Almorzamos como un lunes cualquiera. Pero no era una mañana como las demás: mi consciencia pesaba como un yunque aplastando mi núcleo, y mis pupilas, dilatadas como la herida que se había comenzado a abrir en mi cuerpo, delataban a gritos lo que había hecho. Todavía no dije nada, aún así.

Ocultaba mi aliento con el silencio. Y el temblor de mis manos con movimientos reiterativos de mis brazos. Mi pie derecho no paraba de subir y bajar. Estaba perdida: no podía continuar encubriendo mi crimen. Y todavía me quedé sin decir nada.

Quise disimular, a pesar del dolor que me desgarraba el pecho a pedazos de mayor tamaño que mi disfraz, y lo hice durante un cuarto del día. Pero mi lengua, incompetente y perezosa, no logró contener el efecto de mis acciones. Rompí el silencio ante tanta evidencia, y por fin las lágrimas salieron: 69 días, que creí que eran muchos, no alcanzaron para mantenerme fiel ante mi enfermedad.

Miro por la ventana de mi habitación y veo el cielo entre blanco y grisáceo, como la sombra de los fantasmas que llevo dentro. De la consciencia que me pesa. Hoy me siento en el living de mi departamento y percibo el viento pasar por la puerta ventana del balcón y es como un eco malicioso de mis errores; me acaricia la piel como la hoja de un puñal a punto de atravesar mi alma, donde hacía más de dos meses que resguardaba una fortaleza ciega, aún demasiado atascada como para afianzar por completo mi convicción de no volver a beber.

Hoy me siento más débil que nunca. La traición en sí misma es como una grieta en medio de un mural de seguridades, pero la traición hacia una misma es el muro hecho pedazos entre cimientos de certezas que nunca existieron.

Hoy el día me duele. Hoy yo me duelo. Y mañana no sabré, pero el cielo seguirá estando gris.

7 comentarios:

  1. Hola María!
    Desconozco el origen de esa frase tan usada como es "lo que no nos mata nos hace mas fuertes" pero el caso es que a medida que leia tu confesión me acorde de ella. No soy muy partidario de utilizar las frases hechas pero creo que para esta situación podria valer. Nadie ha dicho que esto fuera a ser facil, lo sencillo es rendirse y abandonar. Estoy seguro que en un futuro recordaras esto como una de esas etapas oscuras en la vida, el que mas y el que menos tiene su cara B, tu demuestas coraje y valentia al compartirlo.
    Por cierto, estaba fijandome en la imagen y no hay duda de que la luz interfiere en nuestros estados de animo. A modo de ejemplo, cuando voy al mar con mi tabla y esta el dia soleado parece que te tomases una pastilla que te sube el valor, en cambio, cuando el cielo esta plomizo las olas presentan tamaño el miedo y los nervios aumentan.
    Lo dicho, esto no es mas que una pequeña caida, hay que levantarse!!!
    Hasta la proxima, besos:)

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    1. Gracias Fran por el apoyo que me mostraba siempre. Este tipo de mensajes siempre me suben el ánimo.
      Te mando un abrazo desde Argentina!

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  2. Dios te bendiga María. Antes que nada te doy gracias por haber descargado LA PROPIEDAD y porque sé que la leerás con cariño porque debes estar segura que el escritor es tu amigo y está contigo en este camino escabroso pero triunfal que has emprendido.
    Ahora bien, de vuelta a tu confesión quiero que sepas que nadie dijo que sería fácil. El asunto no es caerse sino incorporarse, y como dice un proverbio chino SI TE CAES SIETE VECES DEBES LEVANTARTE OCHO. Así que ¡Adelante de nuevo!

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Hola Alí! Que hermoso mensaje. Gracias por tu apoyo.
      Frases hechas, si las hay, como dice Fran, pero por algo se han instalado en el inconsciente popular: un tropezón no es caída.
      Abrazo grande!!

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  3. Cada vez que te levantas, que con valentía te muestras con tus debilidades, tus miedos y tus frustraciones ya es una pequeña lucha ganada, antes de ganar la guerra hay que librar muchas batallas, querida María.


    Abrazo infinito!!!!

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    1. Gracias por tu mensaje Prozac. Muy alentador.
      Es así, cada día es una batalla.

      Un abrazo!

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