miércoles, 25 de julio de 2018

Día 48: de nuevo en casa

Bueno... no se por dónde comenzar a escribir esta entrada. Debe ser una de las más difíciles que me toque escribir a lo largo de mis días en el blog; pero me propuse a hacerlo.

A ver...

He estado inactiva durante un buen tiempo... casi dos meses. Y como en este blog trato de ser sincera conmigo misma, más que con cualquier otra persona que me pueda leer, creo que es importante contar(me) donde estuve.

Pero antes, un poco de introducción. O retroducción.

Cuando comencé a escribir este blog, mi vida se había vuelto ingobernable. Y si bien lo intuía, no lo terminaba de comprender en su totalidad. ¿Comprender qué? Pues que había entrado en una vorágine. Me encontraba en el ojo del huracán y yo tenía la sensación de mirarlo a través de binoculares. Por supuesto que la inestabilidad de mis días no duró tanto: estaba sosteniendo una pirámide de figuritas de porcelana con manos de locomotora. Y ocurrió lo esperado... todo aquel poliedro que había levantado de a poquito pero sin prestar atención a los detalles de encaje, se me cayó al suelo y se hizo añicos en menos de un segundo: mi médico me entregaba una derivación a una clínica psiquiátrica donde, irónicamente, ya había estado hacía dos años. Se me vino abajo el mundo en ese momento, pero lo que yo no podía ver es que el elefante siempre estuvo atrapado en la habitación; yo elegía desviar la mirada hacia algún punto del suelo. La internación tuvo efecto inmediato: al día siguiente me encontraba entrando a la clínica con la cabeza gacha y mi bolso a medio armar; los ojos congestionados e incapaz de dirigirle la palabra al médico: la personificación de la derrota.

Hasta aquí la introducción. Lo que viene después es mi desaparición del mundo virtual y social. No quiero ahondar en detalles porque todavía me duelen un poco... es difícil superar tantos días de inacción entre personas enajenadas, que se pasan hablando y riendo para sí mismos. Lo digo con todo el respeto: no soy mejor ni peor que ellos. O tal vez sí soy un poquito peor: yo llegué ahí debido a decisiones que tomé yo misma, en estado total de consciencia. Yo, sobria, decidía levantar la copa y pasar a un estado de ebriedad que poco a poco me fue destruyendo... Sí, es una enfermedad, pero... pero es distinto. Yo me enfermé sola. No nací alcohólica; me hice.

Por suerte, y por más mal que se lea esto, no estuve sola: había personas que entraron a la clínica debido a las mismas razones que yo, aunque la mayoría había pasado del alcoholismo a la drogadicción, mientras que yo, por suerte, y de nuevo, por más mal que se lea ésto, no llegué a esa instancia...  Pero no me cabe duda de que, de haber seguido el camino de la ebriedad diaria, habría llegado a consumir sustancias más fuertes... Lo que ocurrió fue una pausa en el momento justo porque, como ya dije, mi vida se había vuelto ingobernable. Sólo estando internada pude mantenerme más de un mes sobria, y ver, aunque sea debido a la presión de las circunstancias, lo bueno que es vivir sin beber. Aunque aún estoy en la lucha, ésta por primera vez se me ha presentado como posible.

No me dieron el alta hoy. Me la dieron hace 13 días. Pero no tuve el coraje de pasar por aquí... todavía tengo que reordenar cosas en mi vida, y lo estoy haciendo de a una a la vez. Hoy me tocó pasar por acá, y animarme a escribir(me) algo que me haga volver al medio virtual. Y a lo que siempre me gustó: escribir. Porque si hay algo más difícil que entrar a una clínica psiquiátrica, es salir de ella: el mundo se te presenta como, no sé, renovado, aunque la renovada sea yo misma, y volver a la rutina, o más bien, romper con la rutina monolítica de la clínica, es una tarea no tan sencilla.

Sé que es insuficiente lo que he escrito aquí. Pero es un comienzo; un recomienzo. Y eso, creo, siempre es bueno para dar un giro a la vida de uno. Ahora sólo falta seguir ajustando las tuercas de mis días... Por el momento, vivo con mis padres, y no he vuelto a la ciudad; pero no estoy lejos de ello: de hecho, ayer, en una cita para control con el médico de la clínica, éste me dijo que debería ser hora de que piense en volver, porque es necesario que sepa manejar mi independencia yo sola. Sé que no será fácil, sobretodo porque he perdido mi cursada en la facultad, pero tengo algunos planes. Planes a corto plazo, pero que, si los sigo, darán resultados a largo plazo.
Y eso es lo que espero de mí. Metas pequeñas, simples, pero eficientes.

Buenas tardes a todos!!

4 comentarios:

  1. No me gusta que te pongas un nombre todos seríamos algo

    Para mi sos una mujer encantadora que escribe sobre su vida.
    Sus momentos reabilitación risas y llantos
    Felicitaciones por lo que has logrado un abrazo

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  2. Hola María!
    Me alegra el volver a leerte. No es facil enfrentarse a esta batalla, pero que sepas que no hay empresa imposible. Lo mas importante es quere salir, creo que ya te lo mencione en algun comentario anterior, me han tocado de cerca (muy de cerca) cuestiones y problemas similares, tanto de adicciones como de enfermedades mentales y creeme, si se puede.
    Me extenderia un poco mas pero voy algo mal de tiempo, salgo para el trabajo.
    Hasta la proxima, besos:)

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    1. Hola Fran! Gracias por pasarte y dejar un comentario tan alentador. Sí se puede.
      Abrazo grande!

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