martes, 29 de mayo de 2018

Día 4: The killing

REFLEXIÓN DIARIA: El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber. (Doce pasos y doce tradiciones, p. 135)

Cuando se trata de películas o series policiales, mi otra hermana (somos tres en total, santo padre el mío), suele darme buenas recomendaciones. La última que me pasó fue "The killing", serie yanqui que intenta no imitar el estilo yanqui. Debí haber sospechado algo cuando supe que había sido cancelada dos veces antes de que, al fin, la terminaran en una cuarta temporada forzada hasta lo último. Y es que se trata de una serie que comienza con dos temporadas que nos envuelven en una intriga que ronda la política local de Seatlle a semanas de las elecciones, el asesinato de una joven del lugar, y los esfuerzos de la familia de ésta por superar el duelo. Hasta allí, la trama cuenta con una buena narración, entre enredos que implican a los típicos detectives good cop/bad cop y un sistema corrupto (últimamente muy de moda) que pone trabas una y otra vez a la investigación. Hasta allí, todo bien.



Pero con el flojo final de la segunda temporada, que acaba de manera lenta pero de golpe, y dejando varios cabos sueltos (como la verdadera paternidad de la víctima, o la relación de la detective protagonista con su hijo, motivos puestos a la fuerza para alargar las temporadas), comienza una tercera temporada totalmente descolocada de la anterior, que nos hace sospechar que la serie seguirá el curso de tratar un caso policial por temporada (y, efectivamente, esa es la intención). Lo que los guionistas no supieron hacer es cómo involucrar aquellos cabos que dejaron sueltos anteriormente. Y lo que es más: siguen introduciendo nuevos motivos que fuerzan la serie hasta más no poder. Por ello tuvo que llegar a un final escueto y predecible (ALERTA SPOILERS): ambos detectives acaban retirándose y, tras unos años, formando pareja, cosa que no cuadra pues son personajes totalmente disparejos.



Punto a favor: la interpretación de Mireille Enos como la detective Sarah Linden; su personaje es fuerte, e impacta sus expresiones antes las adversidades de las distintas investigaciones que lleva a cabo junto a su compañero Stephen Holder (interpretación que tampoco pasa desprevenida).



Punto extra: la finísima actuación de Peter Sarsgaard (Boys don't cry, Experimenter) como Ray Seward, un convicto condenado a muerte por un crimen que no cometió (temporada tres). Debo decir algo más acerca de este Sarsgaard: junto a Stanley Tucci o Sam Rockwell, siempre lo he considerado un actor poco aprovechado por la industria. Porque, hablando en serio, ¿cuántos tipos pueden general tal nivel de empatía teniendo una mirada tan violenta como la tiene él?
En definitiva, se trata de una serie para pasar el rato, pero que yo no recomendaría a nadie que goce, realmente, de este tipo de género.


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