martes, 5 de junio de 2018

Día siete

REFLEXIÓN DIARIA: ¿Completamente listo?
"Este es el paso que separa los hombres de los niños... La diferencia entre los niños y los hombres es la diferencia entre aquel que se esfuerza por alcanzar un objetivo marcado por él mismo, y aquel que aspira a alcanzar el objetivo perfecto que es el de Dios. Se sugiere que debemos llegar a estar enteramente dispuestos a alcanzar la perfección... Al decir: '¡Nunca, jamás!', cerramos nuestra mente a la gracia de Dios... Este es el punto en el que abandonamos los objetivos limitados, y nos acercamos a la voluntad de Dios para con nosotros." (Doce pasos y doce tradiciones, p. 60, 65 y 66).

Hay cuatro cosas que hoy se con certeza absoluta:

Que amo a mi familia.

Que amo a Gonzalo.

Que amo a mi perra.

Que no hay nada mejor que un mate caliente y bien amargo por la mañana.

Feliz semana!!!

Bandida jugando con un chicho nuevo del barrio

lunes, 4 de junio de 2018

Día seis: Querer

REFLEXIÓN DIARIA; Desprenderse del antiguo yo. Leyendo cuidadosamente las primeras cinco pro-posiciones, nos preguntamos si hemos omitido algo, porque construyendo un arco por el que pasaremos a llegar a ser, por fin, hombres libres... ¿Estamos ahora dispuestos a dejar que Dios elimine de nosotros todas esas cosas que hemos admitido son inconvenientes? (A.A., p. 75, 76)

Quiero...

Quiero ser libre como la chispa que sale del hogar...

Quiero ser libre como el humo que expira mi papá...

Quiero ser libre...

Quiero ser libre como los suspiros de mi madre....´

Quiero ser libre como las lágrimas de mis hermanas...

Quiero ser libre...

Quiero ser. 

Quiero ser libre.

Quiero ser libre como mis yemas tocando el teclado.

Quiero tocar. Quiero tocar y no volver a escuchar. Quiero, y si quiero, lloro. 

Y si lloro, quiero.

Querer querer es querer llorar y llorar por querer, ¿cómo resuelvo eso?


sábado, 2 de junio de 2018

Día cuatro: con frío pero con Macedonio

REFLEXIÓN DIARIA: El sendero hacia arriba. He aquí los pasos que dimos... (A.A., p.56).

Sin recaídas por los alrededores. Hoy estuve estudiando desde nuestra queridísima Ana Camblong al queridísimo Macedonio Fernández. Comparto palabras, umbrales, conversaciones, como quieran llamarlos:

"... estoy lleno de dificultades para toda acción práctica porque a causa de dolencia vivo a oscuras (así lo tenía Xantipa a Sócrates, quien jovialmente declaraba: Sólo sé que no se nada -de lo que hace mi mujer, se entiende-) y todo detalle manual, visual, etcétera, me es difícil" (Comienzo de carta a Francisco Luis Bernárdez, no enviada, 12/04/1930, Macedonio, II, 16).

"Vuelvo a decirle lo que significaba la atracción del diálogo con Macedonio, su conversación. Por de pronto, una característica muy difícil de encontrar en los hombres: él escuchaba y sabía escuchar. Y le interesaba efectivamente lo que el interlocutor decía. No simulaba interesarse, sino que le interesaba realmente. 
Y eso, entonces, retrovertía sobre el interlocutor en un sentido sumamente favorable para la comunicación, o algo más: la comunión.
Y cuando llegaba su momento (como él era según decía un almista y lo que le interesaba primordialmente era el conocimiento del alma) empezaba entonces su andanada de preguntas, una verdadera mayéutica socrática, que era una nueva forma del interés por el interlocutor". (Gabriel del Mazo, resaltados por Ana Cmblong).

Creo, sinceramente, que todos deberíamos empezar a ser un poco más "almistas". ¿O no?

La humedad vista desde mi ventana

jueves, 31 de mayo de 2018

Día dos: Evil Genius

REFLEXIÓN DIARIA: Disposición para servir a otros. Nuestra sociedad ha llegado a la conclusión de que tiene una sola y alta misión - la de llevar el mensaje de A.A. a aquellos que no saben que hay una salida. (Doce pasos y doce tradiciones, p. 146)

Después de "The keepers" y "Shadow of truth", "Evil Genius" es la mejor apuesta que Netflix ha hecho en los últimos documentales producidos por la plataforma de streaming.


Marjorie Diehl-Armstrong y Ken Barnes se sentaron en un vehículo y observaron el banco ser robado con binoculares. Se tomaron turnos con los binoculares. Y mientras ella miraba allá abajo, dijo: "¡Jajaja! ¡Parece que acaban de robar un banco!"
Si googlean "pizza bomber", se encontrarán con uno de los casos más despiadados de atracos de bancos. Ocurrido en 2003, con varias incógnitas gestándose en torno a la inocencia o culpabilidad de Brian Wells, el atracador del banco, muerto por un dispositivo explosivos colgado en su cuello, el co-productor de la serie mantuvo correspondencia constante con Marjorie  Diehl-Armstrong, un personaje enigmático e inestable. "El desperdicio total de alguien que era una estrella", dijo su mejor amiga al respecto.


El documental transcurre en cuatro partes, y es narrado por Trey Borzillieri con un dejo de suspenso que nos mantiene en vilo hasta que termina el documental, mientras la voz desaforada de Marjorie suena a través de una grabadora en reproducción mostrada en blanco y negro y los documentos fotográficos y fílmicos se suceden de manera intercalada con los testimonios de quienes estudiaron el caso luego de una pelea territorial: la policía local, la policía estatal y el FBI.


Otro personaje de gran importancia dentro de la docu-serie es Bill Rothstein, quien estaría también implicado en esta trama macabra que involucra la explosión del tórax de un repartidor de pizza y un cuerpo congelado en un refrigerador en las afueras de Erie, Pennsylvania. Como decía: un documental despiadado, pero digno de ser visto (si te interesan este tipo de documentales).
La cuarta parte del documental, termina con un cancionero marcado en "I have a song to sing", de Paul, Peter y Mary: el resumen de la turbulenta relación entre Marjorie y Bill.





miércoles, 30 de mayo de 2018

Día uno: otra vez

REFLEXIÓN DIARIA: Nuestro objetivo primordial. Cuanto más se aferre A.A. a su objetivo primordial, mayor será su influencia bienhechora en todas partes. ("A.A. llega a su mayoría de edad", p. 109)

Otra vez.

Otra vez la noche.

Otra vez la noche me baña con sus yemas frías.

Otra vez la noche me baña con sus yemas frías y yo me congelo, me hago quietud.

Otra vez me hago quietud quebradiza.

Otra vez soy cristal en medio del temblor.

Otra vez, de nuevo.


martes, 29 de mayo de 2018

Día 4: The killing

REFLEXIÓN DIARIA: El único requisito para ser miembro de A.A. es querer dejar de beber. (Doce pasos y doce tradiciones, p. 135)

Cuando se trata de películas o series policiales, mi otra hermana (somos tres en total, santo padre el mío), suele darme buenas recomendaciones. La última que me pasó fue "The killing", serie yanqui que intenta no imitar el estilo yanqui. Debí haber sospechado algo cuando supe que había sido cancelada dos veces antes de que, al fin, la terminaran en una cuarta temporada forzada hasta lo último. Y es que se trata de una serie que comienza con dos temporadas que nos envuelven en una intriga que ronda la política local de Seatlle a semanas de las elecciones, el asesinato de una joven del lugar, y los esfuerzos de la familia de ésta por superar el duelo. Hasta allí, la trama cuenta con una buena narración, entre enredos que implican a los típicos detectives good cop/bad cop y un sistema corrupto (últimamente muy de moda) que pone trabas una y otra vez a la investigación. Hasta allí, todo bien.



Pero con el flojo final de la segunda temporada, que acaba de manera lenta pero de golpe, y dejando varios cabos sueltos (como la verdadera paternidad de la víctima, o la relación de la detective protagonista con su hijo, motivos puestos a la fuerza para alargar las temporadas), comienza una tercera temporada totalmente descolocada de la anterior, que nos hace sospechar que la serie seguirá el curso de tratar un caso policial por temporada (y, efectivamente, esa es la intención). Lo que los guionistas no supieron hacer es cómo involucrar aquellos cabos que dejaron sueltos anteriormente. Y lo que es más: siguen introduciendo nuevos motivos que fuerzan la serie hasta más no poder. Por ello tuvo que llegar a un final escueto y predecible (ALERTA SPOILERS): ambos detectives acaban retirándose y, tras unos años, formando pareja, cosa que no cuadra pues son personajes totalmente disparejos.



Punto a favor: la interpretación de Mireille Enos como la detective Sarah Linden; su personaje es fuerte, e impacta sus expresiones antes las adversidades de las distintas investigaciones que lleva a cabo junto a su compañero Stephen Holder (interpretación que tampoco pasa desprevenida).



Punto extra: la finísima actuación de Peter Sarsgaard (Boys don't cry, Experimenter) como Ray Seward, un convicto condenado a muerte por un crimen que no cometió (temporada tres). Debo decir algo más acerca de este Sarsgaard: junto a Stanley Tucci o Sam Rockwell, siempre lo he considerado un actor poco aprovechado por la industria. Porque, hablando en serio, ¿cuántos tipos pueden general tal nivel de empatía teniendo una mirada tan violenta como la tiene él?
En definitiva, se trata de una serie para pasar el rato, pero que yo no recomendaría a nadie que goce, realmente, de este tipo de género.


lunes, 28 de mayo de 2018

Día tres: redención

REFLEXIÓN DIARIA: Los mismos derechos.
En alguna que otra ocasión, los grupos de A.A. se lanzan frenéticamente a inventar reglamentos. Pasado un tiempo, los temores y la intolerancia se apaciguan (y nosotros nos damos cuenta). No queremos privar a nadie de la oportunidad de recuperarse del alcoholismo. Deseamos ser tan inclusivos como podamos, nunca exclusivos. ("La tradición de A.A.: cómo se desarrolló"; p. 11-12).

Ésta entrada la quería escribir ayer pero entre unas cosas y otras, no pude hacerlo.
Llegué al día tres. Sobria. Pero sobre lo que les voy a hablar es sobre lo que viví el día dos. Sí: viví. No fue nada que "haya pasado" o "me haya pasado": esas frases verbales suenan un tanto apáticas; como si las cosas vinieran desde afuera y nosotros las viésemos ocurrir. Como cuando vamos por la ruta y vemos a través del vidrio del colectivo los árboles que pasan uno tras otro, y no los podemos tocar... De lo que hablo es de vivir una experiencia que nosotros provocamos; hacemos que suceda algo y lo sentimos correr debajo de la piel. Bien: pues eso viví el domingo. 
Mi hermana tuvo la hermosa idea de pasar una tarde en familia en un patio de un sanatorio que está abierto a toda persona, por donde pasa un arroyo y se pueden ver los caminos terracota de mi provincia zambullirse entre el verde de los cerros que rodean ese extensísimo océano esmeralda.
Fuimos en la camioneta de papá, con un equipo de mate y mi perra saltando de mi regazo al de mi hermana, más extasiada que acostumbrada: no es que la llevemos muy seguido a este tipo de lugares. Por problemas de tamaño. Ya verán.
Resulta que paramos a un costado del camino y bajamos dos sillones y una manta, y nos sentamos a conversar, mientras Bandida, mi perra, se revolcaba entre la hierba y saltaba de piedra en piedra para beber agua del arroyo, siempre con el extremísimo cuidado de no mojarse más que la lengua. Verán, ella tiene un problema con el agua: le tiene terror inexplicable. No es, precisamente, un perro nadador. En realidad, no hace honor a ninguna característica de su raza (es una weimaraner): cada vez que le tiraba una rama, me traía otra en su lugar, y cada vez que le tiraba una piña para que me la devolviese, me traía la rama que en primer lugar se la había tirado.
En fin.
Fue una tarde hermosa.
Viví a mi familia como hacía semanas no lo hacía.
No suelo ser una gran conversadora: mi rol consistió más bien en cebar el mate. Pero sentí el flujo del cariño en el aire. 
Es un flujo mágico.
Esa noche, tomé el anillo de compromiso que me dejó mi tía abuela antes de fallecer, me arrodillé ante mi cama, y les agradecí a ella, y a mis abuelos, por la magia. 
Siempre agradezcan por la magia. 

Bandida
Acá Bandida, a punto de caer al agua, pero resistió.